domingo, 7 de marzo de 2021

"Las zapatillas rojas" y el reto de ponernos en nuestros zapatos



Hace algunos días conversando con mi gran amiga y hermana Karina Ávila, hablábamos de Mujeres que corren con lobos. Yo había tenido una semana de esas retadoras y coincidimos en hacer uso del libro a manera de oráculo y dejar que nos llegara el mensaje.

Al hacerlo el cuento que me “eligió” fue el de "Las zapatillas rojas” y eso me llevó a reflexionar que se habla mucho de que la empatía es en síntesis, ponernos en los zapatos del/la otr@, y sí (ya hablaremos de la empatía a profundidad en alguna otra entrada) pero qué hay de ponernos en los nuestros,  en los genuinamente nuestros sean como sean.  

Voy a hacer una síntesis muy breve de

esta historia: “había una vez” una pequeña muy pobre que no tenía para zapatos, así que decide hacerse unos con trozos de tela roja, no son quizá los más hermosos pero ella es feliz con ellos. Un día pasa en su carroza una mujer adinerada que decide adoptarla, la lleva a su casona, la baña y le da ropas y zapatos nuevos y elegantes., pero quema los que ella había hecho. La pequeña queda desconsolada porque para ella esos zapatos  representaban mucho. Finalmente acepta la pérdida en medio de los lujos. En una ocasión la mujer la lleva a comprar zapatos para su primera comunión y ella elige unos de color rojo brillante y vibrante,el tema es que los elige en cierto sentido desde carencia, la presunción y la necedad. De pronto las zapatillas adquieren vida propia y la niña comienza a bailar  una danza sin sentido y sin control. Bailó días y noches, con todos los climas, en algún momento llega a un cementerio donde un espectro le dijo que estaba condenada a bailar hasta convertirse en una aparición. La niña cansada llegó donde el verdugo y le pidió que la ayudara pues su vida así no tenía sentido. La única opción que quedaba era cortarle los pies con su hacha,  cuando lo hizo, los pies con las zapatillas se fueron bailando hacia la colina quedando la niña liberada de ese baile destructivo, pero sin pies.

Este cuento tiene a nivel psíquico un sinfín de símbolos importantes  que tienen que ver con el peligro que corremos cuando el deseo irracional y superfluo nos aparta de nuestra verdad más pura. La niña encontró una gran alegría cuando hizo sus zapatos, pero cuando fueron quemados, le fue más fácil esperar a que algo externo le volviera a llenar el corazón, y el resultado fue tremendo.

Al respecto de la lectura del cuento a nivel más profundo, Pinkola dice:

“El cuento nos invita a prestar atención a las trampas y los venenos con los que fácilmente tropezamos cuando estamos hambrientas de alma salvaje.

Cuando se muere de hambre, la mujer acepta cualquier sucedáneo que se le ofrezca, incluyendo los que, como placebos inútiles, no le sirven absolutamente para nada...El hambre del alma induce a la mujer a elegir cosas que la harán bailar locamente y sin control...hasta llegar finalmente a la casa del verdugo.

Las zapatillas rojas nos muestra cómo se inicia el deterioro y a qué estado nos reducimos si no intervenimos en nombre de nuestra propia naturaleza salvaje. No nos engañemos, cuando una mujer se esfuerza por intervenir y luchar contra su propio demonio cualquiera que éste sea, su esfuerzo es una de las batallas más dignas que se pueden emprender tanto desde el punto de vista arquetípico como desde la perspectiva de la realidad consensual. Aunque la mujer pudiera llegar como en el cuento hasta el fondo del mayor de los abismos por medio del hambre, la captura, el instinto herido, las elecciones destructivas y todo lo demás, el fondo es el lugar que alberga las raíces de la psique. Allí están los apuntalamiento salvajes de la mujer. El fondo es el mejor terreno para sembrar y volver a cultivar algo nuevo. En este sentido, alcanzar el fondo, aunque sea extremadamente doloroso, es también terreno de cultivo.”

Y bueno, como todo queda aquí el mensaje por si a alguien más le resuena. Saludos y gracias por leer


María Eugenia Márquez León

Psicoterapeuta Humanista y Transpersonal

@artavaviviendoenplenitud

https://www.youtube.com/channel/UC0iEh2SlHdHvciAB7pG8P3A

viernes, 5 de marzo de 2021

Artava, Viviendo en Plenitud


El sábado 27 de febrero con la energía de siembra y manifestación que despierta con Imbolc y su poderosa Luna Llena en Virgo, di  a luz a ARTAVA Viviendo en Plenitud un proyecto que se gestó en medio de la incertidumbre y de la deconstrucción de paradigmas en un año por demás peculiar. Los expertos en estas cosas de mktg dicen que es tener una marca; para mí es juntar en un concepto lo que llevo muchos años haciendo y que es mi pasión y propósito más claro: acompañar procesos humanos.

Artava, Viviendo en Plenitud es un espacio de acompañamiento transformacional con base a diversas herramientas terapéuticas que tiene como objetivo que te adentres en tu ser para vivir en plenitud por medio de programas individuales y/o grupales. 

Artava (Áartava) es una palabra de origen sánscrito que nos habla de ciclos y de la constante transformación que es la esencia de la vida, y de eso se tratan estos servicios, de entender que la única constante es el cambio y que en la medida que mejor lo integremos dentro de nuestras experiencias podremos vivir de manera más plena.

En este sentido, el objetivo de Artava es proveerte de herramientas que te acompañen en tus procesos de transformación y te acerquen a explorar todo tu potencial. Estoy a tus órdenes para acompañarte a descubrir tus virtudes.

Servicios:

*Psicoterapia Humanista con Enfoque Centrado en la Persona

*Psicoterapia Transpersonal con base en los mapas de la psique humana

*ANANDA, programa personalizado de acompañamiento para mujeres que fusiona Coaching y Ciclos Femeninos

* Bendición de Útero-Womb Blessing® (para Mujeres)

*The Gift (para hombres)

*Círculo de Mujeres bajo la metodología de la Dra. Jean Shinoda

*Numerología Tántrica

*Consultoría BioOrganizacional y de Negocios

*Coaching Ejecutivo y de Equipos

Acerca de mí

María Eugenia Márquez León. Licenciada en Sociología con Enfoque en Perspectiva de Género, Promotora en Desarrollo Humano por el ADEHUM, Terapeuta Humanista y Transpersonal con Formación en Sabiduría Indígena, Numerología Tántrica y Astrología Evolutiva, Moon Mother Nivel 2 certificada por Miranda Gray, Tejedora de Círculos de Mujeres bajo la metodología de la Dra. Jean Shinoda, Fundadora y Coach en AÚNA, Consultora en Desarrollo Organizacional, Coach Ejecutiva y de Equipos certificada por Reencuadre. Creadora de Artava, Viviendo en Plenitud

@artavaviviendoenplenitud

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sábado, 30 de enero de 2021

Ananda y la observación paciente


Hay momentos en que pasan cosas y la vida se pone turbia, pareciera que todo pierde sentido; nos descolocamos y no sabemos cómo reaccionar. En esos momentos lo mejor que podemos hacer es "no hacer" y parar, observar, ser pacientes y confiar en que el las aguas volverán a ser claras en algún momento. 
Para ejemplificar ésto les comparto esta bella historia de Buda y su discípulo Ananda  (del sánscrito आनन्द, ānanda, alegría, felicidad suprema) que espero les guste.

"En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:
-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.
Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.
-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.
Pero Buda insistió:
-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.
Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.
-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.
Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.
Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.
Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.
-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.
-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias."

María Eugenia Márquez León
Lic. en Sociología, Promotora en Desarrollo Humano, Terapeuta Humanista y Transpersonal con Formación en Sabiduría Indígena, Númerología Tántrica y Astrología Evolutiva, Moon Mother Nivel 2, Tejedora de círculos de mujeres, Consultora en Desarrollo Organizacional y Coach Ejecutivo

domingo, 17 de enero de 2021

Complejo de Jonás (miedo a nuestra grandeza)


Complejo de Jonás (miedo a nuestra propia grandeza)


Esperando se encuentren muy bien quiero compartir algo que me ha estado rondando la cabeza desde hace algunos días en una sucesión de pensamientos que desencadenó una melodía que me compartieron y que tenía sonidos de ballenas. Una cosa llevó a otra y recordé algo que leí en un libro de Maslow acerca de Jonás, aquel personaje de la Biblia que por evadir la petición que le hizo Dios fue tragado por una ballena, así que me dí a la tarea de buscar en qué parte del libro "La personalidad creadora" venía y acá les transcribo algunas de las partes que considero importantes para tratar de entender porqué a veces le tenemos miedo a nuestra grandeza, a expresarnos y experimentarnos desde lo sagrad@s y grandes que somos. Me gusta particularmente cuando menciona a Huxley, y pues se los dejo, a ver qué descubren.

Quisiera dirigir mi atención hacia una de las muchas razones de lo que Angyal denominó la evasión del crecimiento. Todos tenemos un impulso hacia el propio perfeccionamiento, un impulso hacia una mayor actualización de nuestras potencialidades, hacia la autorrealización, la plena humanidad, plenitud humana o como se le quiera llamar. Concedido esto, ¿qué nos lo impide? ¿Qué nos bloquea?

 Una de estas defensas contra el crecimiento, a la que desearía referirme en especial porque no se ha reparado mucho en ella es la que voy a denominar "el complejo de Jonás".

 En mis apuntes califiqué en un principio a esta defensa de «miedo a la propia grandeza» o «evasión del propio destino» o «huida de nuestros mejores talentos». Quería subrayar, tan lisa y llanamente como me fuera posible, el punto de vista no-freudiano según el cual tememos tanto a lo mejor como a lo peor de nosotros mismos, aunque de modo diferente. La mayoría de nosotros podríamos ser mejores de lo que en realidad somos. Todos tenemos potencialidades sin usar o sin desarrollar plenamente. En realidad, muchos de nosotros esquivamos las vocaciones (llamada, destino, tarea o misión en la vida) sugeridas por nuestra constitución. Tendemos a rehuir las responsabilidades dictadas (o más bien insinuadas) por la naturaleza, el destino, incluso a veces por accidente, tal como Jonás intentó —en vano— escapar de su destino.

 Tememos a nuestras máximas posibilidades (así como a las más bajas). Por lo general nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos, en las condiciones más perfectas y de mayor coraje. Gozamos e incluso nos estremecemos ante las divinas posibilidades que descubrimos en nosotros en tales momentos cumbre, pero al mismo tiempo temblamos de debilidad, pavor y miedo ante esas mismas posibilidades.

Todavía he tropezado con otro proceso psicológico en mis exploraciones sobre el fracaso en la realización del yo. Esta evasión del crecimiento puede generarse a causa del miedo a la paranoia, algo que ya se ha dicho en un lenguaje más universal. Las leyendas prometéicas y fáusticas están presentes en prácticamente todas las culturas. Los griegos, por ejemplo, lo denominaron miedo a "hybris" (orgullo desmesurado, soberbia desmedida). También se lo ha calificado de «orgullo pecaminoso», lo que es por cierto un problema humano permanente. Quien se dice: “Sí, seré un gran filósofo, reescribiré a Platón y lo haré mejor” debe, tarde o temprano, quedar anonadado ante su propia ambición y arrogancia. Especialmente en sus momentos de debilidad se dirá: “¿Quién? ¿Yo?” y pensará que todo eso no es más que una loca fantasía o temerá incluso que sea un delirio. Al comparar el conocimiento que tiene de su yo íntimo, con todas sus debilidades, vacilaciones y defectos, con la imagen brillante, resplandeciente, perfecta y sin tacha que tiene de Platón, se sentirá presuntuoso y rimbombante. (De lo que no se percata es de que cuando Platón hacía examen de conciencia debió de sentirse consigo mismo de igual manera, pero continuó su camino a pesar de todo, superando sus dudas sobre sí mismo.)

Para algunos, esta evasión del crecimiento personal, estableciendo bajos niveles de aspiración, el miedo a hacer aquello que podemos hacer, la auto mutilación voluntaria, la pseudo estupidez y la falsa modestia son, en realidad, defensas contra los delirios de grandeza, la arrogancia, el orgullo pecaminoso, la hybris. Los hay que son incapaces de conseguir una integración elegante de humildad y orgullo, imprescindible para el trabajo creativo. Para inventar o crear es necesario poseer la «arrogancia de la creatividad» que muchos investigadores han señalado. Pero si únicamente se tiene arrogancia sin humildad, entonces se es un paranoico. Debemos ser conscientes no sólo de las posibilidades divinas en nosotros, sino también de las limitaciones humanas existenciales. Hemos de ser capaces de reímos a la vez de nosotros mismos y de toda pretensión humana. Si encontramos divertido al gusano que intenta ser un dios, tal vez nos sea posible continuar en nuestro empeño y ser arrogantes sin temor a la paranoia o a que la desgracia se cierna sobre nosotros. Es una buena técnica.

 Si se me permite, citaré otra técnica semejante que he visto practicar mejor que a nadie a Aldous Huxley, quien ciertamente era un gran hombre en el sentido que he estado precisando, un hombre que sabía aceptar sus talentos y usarlos al máximo, cosa que logró gracias a su perpetuo asombro ante lo interesante y fascinante que era todo, así como a su capacidad de maravillarse como un niño ante el carácter mágico de las cosas, exclamando con frecuencia: «Extraordinario, extraordinario!» Sabía contemplar el mundo con los ojos bien abiertos, con una desenfadada inocencia, con reverencia y fascinación, todo lo cual viene a ser una especie de confesión de pequeñez, una forma de humildad. Pero luego se entregaba con calma y sin miedo a las grandes tareas que se había impuesto.

Por último, remito al lector a un ensayo mío, importante en sí mismo, aunque también como el primero en una posible serie. Su título, «La necesidad de conocer y el miedo al conocimiento», ilustra bien lo que quiero decir acerca de cada uno de los valores intrínsecos o últimos que he denominado Valores-del-Ser. Lo que intento decir es que estos valores últimos, que también considero como las necesidades supremas o meta necesidades, caen, como todas las necesidades básicas, dentro del esquema freudiano fundamental de impulso y defensa frente a éste. Por consiguiente, es ciertamente demostrable que necesitamos la verdad, que la amamos y buscamos. Sin embargo, es igualmente fácil demostrar que al mismo tiempo nos asusta conocer la verdad. Ciertas verdades, por ejemplo, automáticamente acarrean responsabilidades que pueden producir angustia. Un modo de eludir la responsabilidad y la angustia consiste, sencillamente, en evadir la conciencia de la verdad.

 ...me parece que todos debemos hacer las paces con estos impulsos negativos interiores a nosotros mismos. Mi impresión hasta ahora es que el mejor modo de lograrlo es transmutando la envidia, los celos, el presentimiento y la bajeza en admiración humilde, gratitud, aprecio, adoración e incluso reverencia mediante la percepción consciente y la elaboración. Este es el camino hacia los sentimientos de pequeñez, debilidad e indignidad, y hacia la aceptación de esos sentimientos en lugar de la necesidad de proteger, mediante el ataque una autoestima falsamente elevada.

 Me parece obvio, una vez más, que la comprensión de este problema existencial básico debe ayudamos a incorporar los Valores del Ser, no sólo en otros sino también en nosotros mismos, contribuyendo así a solucionar el complejo de Jonás.

 

María Eugenia Márquez León
Lic. en Sociología, Promotora en Desarrollo Humano, Terapeuta Humanista y Transpersonal con Formación en Sabiduría Indígena, Númerología Tántrica y Astrología Evolutiva, Moon Mother®️ Nivel 2, Tejedora de círculos de mujeres, Consultora en Desarrollo Organizacional y Coach Ejecutivo

domingo, 27 de septiembre de 2020

Acompañante que acompaña


 

Imagen Salón Verde BeTranspersonal


“Acompañante que acompaña, se permite ser acompañadx“

Hay un frase acuñada a Jung que me encanta y dice:“Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. Acompañar es estar desde la empatía, la congruencia y la presencia positiva incondicional frente a otra alma, lo cual para mí es sagrado.
¿Y quién acompaña a quienes hemos hecho del acompañamiento nuestra profesión y vida?
 Desde que me dedico a acompañar procesos personales y bioorganizacionales allá por 2003, no había experimentado algo como lo que vivimos ahora.
Aunque ya habíamos transitado por otras situaciones complejas como la contingencia por H1N1 en 2009 y el terremoto de 2017, estos tiempos sin duda nos han puesto a prueba en muchos sentidos. Hemos experimentado pérdidas tanto humanas como materiales, hemos navegado en las olas de la incertidumbre, y quizá nos hemos sentido rebasadxs.
Confieso que ha habido días en que he querido dejar todo y decir, hoy no puedo acompañar, hoy no puedo dar un coaching, una terapia o un taller en línea, lo cual es completamente válido, y es entonces que llega mi sesión individual y personal de terapia o de “coaXing” (nuestro producto de CoaXehuá). Y es en esos espacios, estando del otro lado, es en los que logro irme acomodando, entendiendo, aceptando y a veces resolviendo. De no ser por ello, seguramente podría con la vida, pero creo que me sería más complicado estar en mi día a día, en el aquí y ahora poniendo mi intención y atención; y por supuesto estando desde el mejor lugar posible en los diferentes procesos que tengo en honor y gusto de acompañar.
Es muy importante (y no solamente en momentos de crisis) que quienes nos desenvolvemos en esta profesión, también pidamos ayuda, que nos acerquemos a un/a profesional que nos acompañe en nuestro propio andar, que nos permitamos tener ese tiempo de re encuentro y re acomodo, en principio por nosotrxs mismxs, para evitar el burnout y también por la impecabilidad en el servicio que ofrecemos. 
Adicionalmente debo mencionar que cada vez que termina una sesión con mi terapeuta o mi coaX, y aunque no sea el objetivo principal, amo más mi trabajo porque entiendo desde este otro lado, la potencia y el poder que tiene el acompañamiento.
Gracias con todo mi corazón Miss, Yolo, Joac, Chava por su acompañamiento y profesionalismo.

María Eugenia Márquez León
Lic. en Sociología, Promotora en Desarrollo Humano, Terapeuta Humanista y Transpersonal con Formación en Sabiduría Indígena, Númerología Tántrica y Astrología Evolutiva, Moon Mother®️ Nivel 2, Tejedora de círculos de mujeres, Consultora en Desarrollo Organizacional y Coach Ejecutivo

domingo, 23 de agosto de 2020

La piel que habito





Cuentan las leyendas escocesas que hay unas criaturas marinas llamadas “selkies”. Son focas que tienen la habilidad de quitarse su piel y convertiste en bellas mujeres (algunos hombres). Nadan entre las olas y cuando se encuentran con alguien que les agrada, llevan a cabo esta transformación, guardan su piel de foca y cuando lo creen conveniente regresan al mar y se la vuelven a poner para ser de nuevo focas. 

Cuentan también que algunos hombres descubrían dónde guardaban las mujeres sus pieles de foca y las escondían, condenándolas así a permanecer a su lado contra su voluntad.

Este mito (muy parecido al de las sirenas) me hizo pensar en cuántas veces nos quitamos nuestra piel, nuestra esencia para gustar y/o complacer a alguien más. Cuántas veces  hemos anulado nuestra identidad y ahogado a nuestro espíritu por encajar, por ser aceptad@s o amad@s. Cuántas veces incluso nos hemos avergonzado por ser quienes realmente somos y optamos por usar el disfraz según la ocasión.

El resultado no suele ser satisfactorio, y es que ir contra nuestra verdadera naturaleza es ir contra nuestra propia divinidad, es vivir fragmentad@s. 

Claro que es importante la pertenencia, somos seres de manada, de tribu, pero si por pertenecer tengo que dejar de ser quien soy, la realidad es que tampoco soy yo quien pertenece, sino la idea que he creado de mí en función a expectativas externas.


Por otro lado recordemos que la verdadera transformación siempre vendrá desde dentro, desde el interior, por un deseo genuino y personal, no por exigencias externas.
Cuando somos conscientes de que nuestro Espíritu eligió esta piel, esta mente, estas emociones, este cuerpo, esta vida para llevar a cabo su misión, no necesitamos ponernos otras pieles, ni intentar ser quienes no somos; porque así como es esta piel, que en la metáfora representa los cuerpos que habitamos, es perfecta. 

María Eugenia Márquez León
Terapeuta Humanista y Transpersonal
Facilitadora en Desarrollo Humano y Organizacional

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

Timo, la glándula del Amor


Hace algunas semanas leí acerca del Timo, que es una pequeña glándula en el centro del pecho, se ubica pegadito al corazón, detrás del hueco que tocamos cuando decimos “yo”. Viene de la palabra griega “thýmos”, cuyo significado es “energía vital” y está vinculado con el corazón y el Alma,

No se habla mucho de él pero es de gran importancia. El timo crece cuando experimentamos alegría y se hace chiquito cuando experimentamos estrés. En estudios se ha rebelado que va disminuyendo su tamaño pasada la niñez (por qué será) pero se ha demostrado que sigue estando activo y no es “anormal” que se vea grande en la edad adulta.

El timo es uno de los pilares de nuestro sistema inmunológico, junto con las glándulas suprarrenales, mismas que colaboran con le hipotálamo y la glándula pituitaria para liberar hormonas básicas para la regulación de nuestro metabolismo y la espina dorsal Está también directamente conectado a los sentidos, la consciencia y el lenguaje.; hace conexiones hacia afuera y hacia dentro.
"Si somos invadidos por microbios o toxinas, reacciona inmediatamente produciendo células de defensa. Pero también es muy sensible a imágenes, colores, luces, olores, sabores, gestos, toques, sonidos, palabras y pensamientos."
Así pues el timo trabaja directamente con nuestras emociones, amenazas, regula y ajusta su tamaño en función a qué pasa con nosotr@s, ante la manera en que experimentamos la vida.

Estamos transitando por una situación que nos ha hecho tocar las polaridades, el dolor, la incertidumbre; quizá hemos tenido pérdidas en muchos sentidos y tal vez hemos tocado fondo. Hemos danzado entre el miedo y la esperanza, entre el enojo y la ilusión, y nos hemos sentido perdid@s, así que creo muy importante trabajar con nuestro timo. Hay cosas que no vamos a poder cambiar, pero sí podemos darle a esa pequeña glándula (que es tan grande en sus funciones) palabras, colores, notas, todas esas cosas que nos sacan la alegría y que nos ayudan a anclarnos al aquí y ahora desde un lugar donde lo que predomine sea el amor.


María Eugenia Márquez León
Terapeuta Humanista y Transpersonal
Fecilitadora en Desarrollo Humano 
y Organizacional